Pensé que con mirarte
me bastaba.
El escuchar tu voz, olerte los cabellos,
Gustar de lejos la esencia de tus labios
Y tu frente.
Pensé y pensé…
Pero pensar ya no bastaba.
Entonces comencé a soñar tarde y temprano.
Te soñé heroína, gaviota, aventurera.
Pero tampoco con soñarte me bastaba.
Por eso me marché…
Para inscribirme en la lista
De los que nacen nuevamente.
Por eso, acaso, en el tiempo y en la espera
Te sueño y te albergo suavemente….
“me acunaré en tus senos”, y lo prometo:
“Me bastará ser niño para amarte”.
Quinteros, Diego Luis.


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